Yolanda Gutierrez envuelta en la fragilidad y la luz del agua.

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

"El Espejo" Instalación de 1718 esferitas de cristal rellenas de agua
La frontera de México con los Estados Unidos se está convirtiendo en una trampa donde el agua supone la muerte, por ahogamiento en el rio o por deshidratación en el desierto. El año pasado murieron 324. Este año parece que se superará esa cifra. Una mujer apareció muerta hace unos días llevando en brazos a su bebé habiendo reservado para él el agua que le quedaba. El viernes 9 nos llegaban trágicas imágenes de cómo dos mexicanos se ahogaban en el rio Bravo. Al agua se reduce nuestra existencia. Sabemos que sin ella no subsistimos probablemente más allá de tres días, y cuando el agua se vuelve violenta nos arrastra y deshace nuestras vidas. Tanto la vida como la muerte se hallan con el agua.

En el agua centra Yolanda el título de su muestra (Alt: Agua) presentada en el Museo Amparo (2 Sur 708, Centro Histórico. Puebla) hasta el 31 de Julio en conjunción con otras piezas que pueden contemplarse en la Casa de la Cultura, en el Parque Ecológico y en el Lago de la BUAP-CU.

La palabra del "agua" aporta correspondencias a imágenes que inundan el alma sensible. Evocaciones de frescura, fragilidad, pureza, fluidez, vitalidad, espontaneidad. Así ve el lenguaje de la poesía del agua Gaston Bachelard: "El agua es la señora del lenguaje fluido, del lenguaje sin choques, del lenguaje continuo, continuado, del lenguaje que aligera el ritmo, que da una materia uniforme a ritmos diferentes." El agua llega a ser el lenguaje por el que nos acercamos a la naturaleza. Con la letra "a" en la mística tibetana se encuentra el descanso del alma y el fonema de creación por el agua. El discurso plástico de Yolanda presenta los cuatro elementos básicos. La tierra, el fuego y el aire se manejan en sus obras, pero el agua adquiere una singularidad metafórica personal en el modo en que la concibe. No es un agua fluyente, es un agua estática, encerrada o presentada como contenedora. La poesía del agua, su capacidad de destrucción y simbolismo vital son vertidos en las obras.
"Los ayudantes de Quetzalcóatl" Instalación de 425 hormigas hechas con granos de maíz y alambre de cobre.
Afirma Bachelard que el agua y el calor son nuestros dos bienes raices. Son dos principios de la vida que se hayan estrechamente unidos. Por la sala de entrada por la que nos introducimos en la exposición nos hallamos en un ambiente en penumbra. Es el primer encuentro con la obra de Yolanda que se realiza a través de la pieza "Agua sagrada". El vacío del espacio aéreo nos sobrecoge llevándonos a contemplar la sinuosidad de 200 recipientes de acrílico rojo extendidos por el suelo de la habitación en forma ondulada. 200 pabilos arden en ellos alimentados por aceite. La metáfora del calor y el agua aparece aquí como sublimación de la oposición agua y fuego a través de la flor como elementos contrapuestos evocadores del concepto prehispánico de las flores de hoguera, flores de guerra.

Todas las obras surgen de la investigación de Yolanda sobre el tema del agua en culturas como la china, la maya y la náhuatl. A través del manejo de los símbolos de estas culturas primitivas se interna en sus mitos e incluso en sus ritos con ofrendas, presentándonos un mundo casi perdido con el que trata de rescatar esa parte olvidada de nuestra naturaleza. Las distintas piezas de esta exhibición ponen de relieve la estrecha concordancia entre la naturaleza y el hombre por medio de imágenes poéticas tridimensionales, que tratan de involucrar al espectador haciendo surgir en él esa sensibilidad dormida, y rescatando la esencia de nuestro ser natural que el artificio de nuestra civilización nos impulsa a olvidar continuamente.
La colección de piezas reunidas para esta muestra ahonda en la realidad sensual primitiva de culturas arcaicas utilizando las imágenes narrativas o evocativas de esas ideas. Múltiples bolas de cristal como contemplación de la totalidad a través de los elementos individuales, las mariposas como representación del fuego, y la vida, al mismo tiempo, al ser constituidas por material muerto; y más formas hechas con esqueletos de sistemas vitales muertos, imagen del reciclaje natural de los
"De noche un viento frío las trajo" Instalación de 162 mariposas hechas de esqueletos de hojas y espinas de maguey.
desechos. Las hormigas hechas de maíz que se extienden en hilera por varios muros de la muestra son un homenaje al mito de Quetzalcóatl que según la leyenda se convirtió en una de ellas para robar el maiz y alimentar a la humanidad reconstruida con su sangre.
Sus esculturas convertidas en ofrendas personales trascienden la simple representación simbólica. El caracol cortado transversal o longitudinalmente es una ofrenda con su propia sangre a Quetzalcóatl. La ofrenda a los ayudantes del Dios Chaac de la lluvia en un cuenco lleno de figurillas emulando los tlaloques realizados por niños mayas. El amaranto cubriendo imágenes de la serpiente que se

Todas las obras surgen de la investigación de Yolanda sobre el tema del agua en culturas como la china, la maya y la náhuatl

proyecta como adoración a estos reptiles que simbolizan en las culturas mesoameriacanas el complejo tierra-agua y a varios dioses. Son esculturas e instalaciones que contienen emociones estéticas y revelan un sentimiento humano primitivo, una "realidad orgánica primera" como diría Bachelard.
"Rocío" Escultura de bola de hierro, gotas de vidrio y alambre.
El significado de las obras, y el disfrute de ese significado, no son, por lo general traducibles ni en palabras ni en imágenes. Hay que indagar y buscar bajo todas estas imágenes formales de los mitos y las leyendas una carga conceptual interna impresa al realizar las piezas. A pesar de que en muchas de sus obras se cae en recursos comunes con la representación de la naturaleza, Yolanda proporciona con estas imágenes un nivel de significación matérica profundo, que trasciende la intención misma de la idea de la obra.

En estas piezas, Yolanda articula en las formas una intención reflexiva sobre la naturaleza, la vida y la muerte, las adoraciones milenarias de las culturas primitivas pero, su alcance va más allá de esas evocaciones y sugerencias. Sus obras son la materialización de su propia esencia de mujer. Es esa intuición íntima que le hace responder con su elección de materiales y formas a su caracter femenino. Decía el poeta Paul Claudel "Todo lo que el corazón desea puede reducirse siempre a la figura del agua". Y afirma Gastón Bachelard, ahondando en las figuras del inconsciente, del caracter fundamental de maternidad que exite en el agua al relacionarla profundamente con el líquido que nutre, la leche. Y como dice también Bachelard, "De los cuatro elementos, sólo el agua puede acunar". Es un rasgo más del caracter femenino y maternal al acunar como una madre. El agua funciona en Yolanda como elemento envolvente de su conciencia.
Encontramos en la obra de Yolanda metáforas de sensaciones apegadas a su naturaleza femenina. Se percibe en sus instalaciones y esculturas un testimonio de su corporalidad acorde con el tratamiento contemporáneo del cuerpo femenino, pero no dentro de una óptica urbana y problematizada, sino adentrándose en la dimensión íntima y natural del ser mujer, en la identidad propia de su fragilidad y delicadeza.

Todas las piezas poseen ese rasgo de fragilidad en su constitución, que son

"Malaire" Escultura colgante de serpiente de bejuco y amaranto
proyección de la idiosincrasia de la propia Yolanda. Pueden apreciarse esos detalles al conocerla en persona. Los alcatraces de cristal hueco se elevan dejando gotear su sangre. Pequeñas y laboriosas, la representación de las hormigas parecen ser proyección de ella misma y de ese constante y cuidadoso trabajo que revela su obra. La forma ondulada en sus piezas es la sublimación de lo eterno femenino. Podemos hallarlo entre el fuego y la flor y en las formas mismas de los recipientes, imaginación material del ser femenino. Incluso es un agua contenida, en reposo, calmada mientras el fuego alumbra y vitaliza el espacio. Es un temblar que inunda el aire como lo hacen las esferas de cristal de la obra "El Espejo" donde 1718 esferitas de cristal rellenas de agua cristalina están suspendidas del techo. Parecen gotas que caen del follaje después de una tormenta, como en la escultura "Rocío" donde la fuerza sutil de las gotas se contraponen a la dureza del metal. Pero, en esta instalación se produce un resultado cautivante. Es un espectáculo de luz que te hace sentir vulnerable al contemplarlo, sentir el alma temblar. Bachelard pareciera describir la pieza "s" de Yolanda cuando se expresa: "Hay gotas que cayendo del follaje después de la tormenta parpadean de igual modo y hacen temblar la luz y el cristal de las aguas".