Desatino y acierto en

la enseñanza del arte a los jóvenes

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

Con respecto a la enseñanza del arte a los niños y jóvenes existe en Puebla una situación contrapuesta que demanda elevar la voz y aclarar lo que está pasando. La ocasión me la brinda la muestra pictórica "la expresión y el niño" que actualmente se exhibe en CAHOSS (Centro de Arte Hotel San Sebastian, 9 Oriente, 6 Centro.) y la que hace poco tuvo ocasión de mostrarse en El Barrio del Artista.
Obra de un niño mostrada en CAHOSS
Las dos muestras condensan dos aproximaciones completamente opuestas de la educación plástica del niño. Una es la "apropiada", en cuanto se propicia la creatividad y la exploración en el niño -la de CAHOSS-. Y la otra, -la del Barrio del Artista- absolutamente "incorrecta" pues conduce a hacer del niño un sujeto sin personalidad y moldeable por las estructuras imperantes. Desgraciadamente, ésta es la que impera en Puebla. La educación plástica es escasa y cuando se ocupan de ella, suele hacerse dentro de un marco estrecho y sin conocimiento pedagógico perdiendo la oportunidad de impulsar esferas muy importantes en el desarrollo del niño.

Mis afirmaciones no están basadas en la simple declaración de un gusto o estilo.Y no confundan desacreditación de la pintura realista con halago al arte contemporáneo; he mostrado claramente mi conocimiento de la pintura figurativa con la ejecución de más de 150 retratos realistas en la sociedad poblana. Quisiera, antes de extenderme en mi artículo, dar a conocer mis estudios y experiencia para respaldar la opinión que sostengo. Con maestría en pedagogía del arte y Doctorado en Bellas Artes por la U. Complutense de Madrid he desarrollado mi carrera artística teniendo varios años una academia de arte en Madrid. He impartido clases de taller infantil, he sido profesor de expresión plástica en la escuela de maestros de educación básica en Madrid. Hoy, soy catedrático de materias gráficas en la UDLA y en el Instituto de Artes Visuales.
Se potencia la dimensión de búsqueda e interpretación de la realidad circundante; desde el arte de nuestro pasado a los objetos que los rodean
Retrato de Rufino Tamayo. Obra expuesta en CAHOSS
En la exposición de CAHOSS participan 10 niños que asisten al taller infantil impartido por Washington Iza y Maritza Zamipatin. Las actividades que en el se llevan aparecen bien mostradas a partir de la obra de estos jovencillos cuyas edades oscilan entre 3 y 12 años. Es ciertamente una muestra admirable por las posibilidades que estos dos artistas han sabido extraer de los niños. En un amplio abanico de temas, los niños se despliegan con fuerza expresiva sin limitantes. Se vuelcan sobre los materiales y técnicas haciendo de su obra su mundo por ese instante. Y aunque está latente el deseo de complacer los designios plásticos de los profesores, éstos no proyectan trabas o estructuras que impidan el desarrollo de su imaginación y de sus ideas. Así mismo, se potencia la dimensión de búsqueda e interpretación de la realidad circundante; desde el arte de nuestro pasado a los objetos que los rodean. De este modo el arte se transforma en el mecanismo de interiorización de la realidad que sirve al niño para forjarse su idea del mundo.

Ya sean paisajes, autorretratos, sandías, huellas o bodegones, los niños -en esta exposición- consiguen encontrar la naturaleza de la creación artística a través de sus obras, asegurándose un desarrollo íntegro en su proceso como seres humanos. Y esto hay que agradecérselo a los profesores Washington y Maritza que son los que tutelan su proceso. Del mismo modo que hay que acusar a las señoras Carmen María González Gómez y Carmen Dib del Rio de absoluto desatino en el manejo de la enseñanza de esas criaturas jóvenes en esta otra exposición de jóvenes niños en el Barrio del Artista.
Estas obras nos ofrecen el nivel que las señoras, que se otorgan la prerrogativa de ser profesoras, pretenden inculcar en los niños. Nivel de preocupación por el realismo ramplón e incorrecto en las temáticas de paisaje, patios poblanos y bodegones ya conocidos y sin ningún entendimiento del dinamismo plástico. Está difundida la deteriorada calidad que predomina en el ambiente del Barrio del Artista y cómo su influencia está rebajando la apreciación artística de la gente, carentes de un criterio propio, que concurre a sus exposiciones, con lo que se dejan guiar creyendo que el conocimiento artístico reside entre estos artesanos que confunden a la gente. Pero no hay que cejar en denunciar los atropellos que en nombre del arte se están operando en su entorno.
Una de las niñas autoras con su obra de la exposicion en el Barrio del Artista.
Y ya no es sólo el tema de cómo abordan el tema de la pintura realista sin valores plásticos. La cuestión pedagógica va más allá. La edad de los niños no responde a lo que quieren inculcarles. Están transmitiéndoles unos valores de la imagen que no les corresponde a su edad, haciéndoles ver, lo que por un lado es el intento de la representación fidedigna de la naturaleza al modo clásico. Todavía no se ha consolidado en ellos una idea de la representación del espacio, que es algo cultural, y las reglas que hay que seguir se convierten en algo mecánico y que no tienen relación con el mundo de su experiencia. Los niños de esta edad entre 11-14 años se encuentran en una etapa pseudo-naturalista. Las actitudes y destrezas que desarrollen a esta edad influirán en sus reacciones y sentimientos hacia el arte en su vida adulta. Instruyéndoles de esta manera cortan las posibilidades de impulsar su creatividad, el descubrimiento del mundo de la expresión, de la libertad, de la verdadera dimensión de crear con los materiales de arte que sintonizen con su realidad. Hay que darle expresión a sus preocupaciones y sentimientos, y no sólo encauzarles en la copia sujeta a los modelos rígidos de sus maestros ineficientes. El jovencito tiene un caudal enorme de potencial expresivo, de inquietud, y de deseo que esta metodología de clases de pintura tan sólo restringe y estrecha, ahogando la
esencia artística que todavía les quedaba proveniente de esos años niños donde la expresión gráfica es un torrente indetenible y que ni los programas escolares logran abatir. Pero cuando llegan en esta edad a manos de este tipo de maestros miópes en la materia artística y pedagógica, son deformados para el resto de su vida. Es penoso contemplar lo que con toda buena intención los padres están haciendo para proveerles un gusto por el arte, sin darse cuenta de lo que están provocando. En vez de impulsar personas que aprenden a resolver el reto de la materia plástica, comprender que la creación va más allá de la técnica y propiciar un encuentro con la profundidad del ser a través de la ejecución de la obra, están formando individuos que se someten a los esquemas del adulto, que llega reprimido por la sociedad. Les enseñan los valores errados de la imagen que los adultos poseen, creando en ellos unos esquemas anquilosados que no propiciarán personas adultas con criterio y capacidad creativa.
Cuando llegan en esta edad a manos de este tipo de maestros miópes en la materia artística y pedagógica, son deformados para el resto de su vida
La responsabilidad está en los padres que acceden a someter a sus niños a esta enseñanza y en los profesores que se creen con el conocimiento pedagógico-artístico para enseñar. Como fuese, el resultado de esta interrelación mutua es una desorientación en los niños sobre qué es el arte, la pintura, y la creatividad. El daño que se les está haciendo llega a ser irreparable. Todo es consecuencia de un círculo vicioso: Los maestros de esas señoras profesoras afirman la pintura de ese modo, y las señoras difunden su habilidad convocando sus amistades para enseñar a los niños, lo cual, hará que el error persista en esta generación que crece en este ambiente, en el cual los padres también creen que pintar es eso.
Obra de un niño expuesta en el Barrio del Artista
Al final, la verdadera cultura artística está ausente en la gente inclinada a pensar en la pintura en términos estrictos de representación figurativa, incapaces de distinguir entre una obra realista de calidad y un desatino plástico-figurativo como los que se están haciendo, enseñando y exhibiendo en el entorno del Barrio del Artista. No me confundan estas afirmaciones con una desacreditación del arte realista. ¡En absoluto!. No estoy hablando de eso. Hay unos valores en la realización del arte figurativo clásico o el hiperrealista que hay que exaltar a pesar de que caigan en cierto anacronismo. Pero, lo que denuncio es el desconocimiento del tratamiento de color, la forma, la iluminación y la textura en la pintura realista, que se jactan de conocerla cuando se enseña, exhibe y comercia estas obras en el ámbito del Barrio del Artista. Puebla está cayendo en un ostracismo y anquilosamiento artístico por culpa de todo esto. Puedes encontrar en los hogares pudientes poblanos colgadas obras pictóricas realistas de calidad, junto a verdaderas porquerías pictóricas por el mero hecho que representan un tal patio poblano, o un bodegón, y parecen estar en consonancia con esa tradición figurativa. Los dueños no tienen un gusto educado o capacidad para discriminar entre la buena pintura y la obra de un aficionado sin calidad que pasa por maestro. El engaño se ha institucionalizado haciéndose ya indistinguible.

No mucho tiempo atrás tuve oportunidad de contemplar una exposición colectiva de este conocido perfil de señoras que pintan en su tiempo libre. Cada una asistía a distintos estudios a recibir clases, y en esta muestra exponían sus alcances, con una falta de calidad general. Tan sólo en una persona se podía observar un trabajo decente de pincelada, color y dibujo. Su maestro, a buen seguro estaba en el camino correcto. Mi consejo a todas fue el de unirse con ese profesor, consejo que no seguirían ya que no se llegan a percatar desde su visión de lo que estoy hablando. Otra exposición en el Barrio del Artista de grupo GAPAC, tiempo atrás, dejaba ver claramente, para mi, quien tenía un maestro apropiado y cómo la gran mayoría estaba siendo desviada absolutamente de lo que era pintar.
No tienen un gusto educado o capacidad para discriminar entre la buena pintura y la obra de un aficionado sin calidad que pasa por maestro
Personalmente tuve la oportunidad de enderezar el camino de una persona, Raul Cerrillo, que tras tres años de aprendizaje con un "maestro" y estar integrado en la carrera de artes plásticas en el Instituto de Artes Visuales de Puebla.se acercó a mi al encontrarse con una exposición de mis retratos. Creí que con esa trayectoría que tenía estaría mejor capacitado. Era deprimente su desconocimiento del proceso, color, dibujo y composición, todo debido a la enseñanza impartida y que él tomo con todo entusiasmo; pero le desorientaron. Pasaron unos cuantos meses de arduo trabajo y exigencia donde pudimos desarrollar todo su potencial escondido hasta el punto de aventarse el examen de entrada en la Escuela de Pintura y Escultura de la Esmeralda en el D.F., en la que sólo tienen acceso 50 personas entre 900; lo aprobó. Su encuentro conmigo marcó la diferencia en su vida apresada por la enseñanza recibida por un maestro del Barrio del Artista. ¡Hasta que punto una adecuada enseñanza puede definir el futuro de una persona, sus logros, sus esperanzas, sus ambiciones!. La importancia y responsabilidad del maestro son enormes.

La irresponsabilidad del maestro encerrado en criterios erróneos por falta de conocimiento provoca la deformación en nuevas generaciones. Hay que empezar a delatar y hacer consciente la importacia del tema. La enseñanza del arte y de la pintura no es materia para cualquiera que ha empuñado un pincel antes y cree que sabe pintar.