Emilio Said y Rafael Cázares;

recorridos y sorpresas

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

Dos exposiciones comparten su momento en estas fechas sin ninguna relación entre ellas. Pero reflexionando sobre las imágenes de Emilio Said evocan, con sus recorridos, la obra de Rafael Cázares.
Son dos recorridos de índole distintos, pero que comparten el hecho virtual de la búsqueda y trazado en el espacio en que se envuelven. Emilio Said que se presenta en el espacio ENTRE Estudio & Galería (41 Poniente y 23 Sur 2120-E, La Noria) deja los registros visuales a través de los mapas y las imágenes que los acompañan. No nos implica en la salida o en la atención de su marcha; son vestigios de los recorridos mentales y geográficos por los que camina. Obras de pintura formada en lienzos dentro de esquemas de contenido armónico muy sintetizados con el uso del collage y trazos pictóricos o impresos. El color propio de la tela de lino sirve a veces de pauta unificadora
al esquema de color planteado, que se refuerza enfatizando algunos de los elementos representados. Todo ello no supone un encuentro renovado de interés visual, sin embargo, la obra nos impulsa a envolvernos suavemente desde sus planteamientos.
Esa orografía lineal que remarca en la superficie de los lienzos y que contrapone dentro del propio espacio de algunos cuadros a algunas imágenes, o enlazándolos compositivamente en otras, nos da la pauta para sentir y guiarnos en los recorridos que se plantea. Es una navegación por los entresijos de la propia obra y el propio momento del artista. Asistimos claramente al proceso del artista. Por un lado, su disquisición en la elección de elementos de papel siendo situados en lugares significativos del espacio pictórico, y por otro su recuerdo reflexivo sobre rastros de objetos o piezas de imágenes junto a los mapas.Y ello nos arrastra ante el nivel matérico que la combinación de papel, lienzo, acetato y encáustica proporcionan.

Estos recorridos en la superficie nos remiten a andaduras de espacio geográfico anónimos. Pero refiriéndonos a nuestro viaje en la superfice, donde con más efectividad estas imágenes nos cautivan es en las obras donde la contraposición del color de la tela, las mismas imágenes, o la dicotomía entre dos telas de seda sintética, que albergan sendas imágenes que tan sólo se dejan entrever a través de una de ellas ("Tres blancos standar" y "Secador de botellas con aviones") componen la esencia del viaje visual. Es en estas obras donde mejor se conjugan la simplificación icónica y el manejo del material, aportando un interés visual en el recorrido de la obra. Pues nos encontramos con otras donde el manejo visual se disgrega y disipa al agrupar y esparcir los elementos de una manera ciertamente aleatoria y no responde a la estructura de recorridos planteadas en las anteriores piezas.
Rafael Cázares en la galería de Síntesis (18 Oriente 401-A, San Francisco) nos lleva de la mano a través de un doble recorrido en la fauna de sus sueños y en los trazos de su manufactura. La sorpresa es confortable ante la presencia de esta obra pictórica. Ocurre muy a
menudo que los artistas recurren a una plástica pictórica que no responde al intento de representación cuando acometen esta mezcla de un mundo de simbología animal y un surrealismo expresivo en las formas. Suele haber un manejo del color y de la textura muy deficiente. Pero, presentarse ante las piezas de Rafael, sin embargo, resulta gratificante pues conmueven y sorprenden. Estas piezas, además de su iconografía, muestra una perversión en la representación. El grabado aparece como el género aludido en la muestra: Estos cuadros están realizados sobre planchas de aluminio y asemejan ser planchas de grabado. Con las obras, Rafael te lleva de la mano a pensar que son los originales para la ejecución de un tirada en aguatinta,
pero son?demasiado blandas para que soporten una tirada de impresión, y de hecho ni han sido utilizadas para ninguna copia. La plancha -que no es plancha- aparece como la propia obra. La incursión en su superficie con el buril marca los rastros de la
ejecución delineada de las formas dispuestas para ser mordidas por el ácido. El plano del aluminio aparece entintado envolviendo la figura o desmarcándola contra el fondo. El color se extiende con la característica transparencia sobre la plancha de grabado. Esto aporta un componente de especial dimensión en la vivencia de la obra. Llegamos a ella a través del color y recorremos su factura, su ejecutar que el color deja entrever; asistimos a un diálogo entre la escriptura -trazado de la forma y los espacios- y la coloración de la plancha.

Y así también nos lleva Rafael a una recorrido por su personal fauna; animales que adquieren un aura relevante de individuo. Conejo, toro, peces, pajaros, gatos?.felinos que se adueñan y se presentan en este espacio reflejando un cosmos mágico y distintivo.

La acertada conjugación de estas figuras con la perversión-sorpresa de la plancha de grabado -que no lo es- otorga a estas imágenes pictóricas una atractiva presencia. Habría que indicar para la mejoría de esta presentación que podrían haber sido mejor presentadas dentro de un marco o estructura más acorde o ajustada a la actitud; esos marcos aparecen muy desconectados del auténtico mensaje de la obra.