Distanciamiento de la tradición

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

Aumenta la distancia en Puebla entre los partidarios de la tradición y los inclinados por la vanguardia. Pero hasta tal punto que empiezan a percibirse elementos culturales que rozan en paradigmas que aprisionan a la gente.

Las exposiciones que podemos encontrar comenzando en estos días me evocan este problema: 25 años de Aurelio Leonor en la Casa de la Cultura y la muestra de profesores de Artes Plásticas de la UDLA en la sala Jose Luis Cuevas de la Universidad.

Tradición y presupuestos de Vanguardia. Lo que me lleva a reflexionar sobre estas dos exposiciones son las actitudes que los dos ámbitos están generando y provocando un distanciamiento radical de posturas.

Los pertenecientes a la esfera de la Unión de Pintores del Barrio del Artista, de la que es una muestra Aurelio Leonor, se escudan en la Escuela de Pintura Poblana y en la tradición mexicana muralista ensalzando el pasado y el folklore en los temas. En todo ello, además, subyace un orgullo sobre la representación figurativa y surrealista. Todo esto provoca un rechazo a la experimentación plástica surgida desde la década de los Setenta. Y no es un sentimiento latente y soterrado, sino que es puesto en evidencia y patente en manifestaciones como la que recogía tiempo atrás en un periódico: "Todo lo que hoy se está haciendo con la forma de pintar, de interpretar la plástica, dista mucho de ser ARTE. ?estas corrientes de nuevas tendencias que nos vienen obviamente del extranjero. Y no cabe duda, es más cómodo pegar sobre una tela una series de objetos que nada tienen que ver con el arte de la pintura?¡Claro! Es más fácil sacar fotos, recortarlas y pegarlas sobrepuestas sin sentido queriendo aparentar que están creando algo nuevo, que ponerse a dibujar el cuerpo humano."

Esta falta de visión en el cambio de mentalidad artística derivados de la evolución de la humanidad y los acontecimientos de la etapa en que vivimos, están provocando un estrechamiento conceptual aun peor que la incapacidad por apreciar dónde están los valores que las nuevas propuestas están trayendo. Esta fosilizada percepción de la realidad impide un desplegamiento activo del mecanismo propio de la percepción que es recepción estética; el acto que surge de la interacción entre la visión y la interpretación. Esta última, la interpretación, está mermada por la necia acción de quererse enquistar en propuestas consabidas y superadas. Muestran con ello un estancamiento del desarrollo en etapas básicas de la humanidad ancladas en el Renacimiento, cuando la humanidad se encuentra ya abordando estructuras cognitivas diferentes. Lo peor es el aprisionamiento en el que se encuentran sin darse cuenta, y cómo desde él miran su alrededor sin percatarse de su cárcel.

Pero he advertido viviendo en Puebla la aparición, por tensión opuesta al esquema anterior, de un cierto aprisionamiento pero de otra índole- en muchos partidarios de una visión vanguardista de renovación plástica, como puede darse en profesores de la UDLA.

En ese esfuerzo por distanciarse de esa mayoría dominante tanto productora como consumidora de arte del Barrio del Artista, los artistas se lanzan a despreciar todo aquello que pueda evocar mínimamente a esta actitud cultural. Pero sin detenerse a saber o averiguar qué es exactamente. Todo retrato que responda a esquemas similares y predominantes en las obras realistas del Barrio del Artista es tachado de "colaboracionista" y despreciado con ello el autor que pasa a ser alineado como un miembro más de ese estamento artístico.

El rechazo visceral existente a todo lo que pueda sugerir "Barrio del Artista" en estos artistas, se deja ver en la conducción de la enseñanza, en la que prima una cierta búsqueda snobista e inclinada a incorporar las formas plásticas en el alumno sin que surgan como derivación natural de un desarrollo interior. Muchas veces las formas que el alumno asume en sus obras son aplicadas sin un proceso evolutivo, sino que son adquiridas desde fuera -inauténticamente- en esa inquietud por situarse distantes a ese concepto de "Barrio del Artista". Es algo que hay que llamar la atención pues aunque a corto plazo dé resultado -a fin de cuentas se trata de una imitación, y la moda funciona homogeneizando las propuestas-, se compromete la verdadera originalidad que nunca puede avocarse a realizar "algo distinto" que se convierte en una sutíl alineación. Producir una obra apartándose de la continuidad histórica hace imposible la prospección de la verdad.

De ningún modo es esto un ensalzamiento a la obra realista del Barrio del Artista, pues como he dicho, en la gran mayoría de los artistas la calidad pictórica está ausente. Pero, asímismo, no hay que denigrar el arte que surga por distintas necesidades y que responda a un criterio de calidad plástica. Un alumno puede muy bien necesitar pasar por ciertas etapas figurativas hasta estar en control de su propia iniciativa plástico-artística. En los alumnos, el proceso de descubrimiento estético viene mediatizado por diferentes componentes y el ritmo de cada uno es distinto. El profesor, como maestro, ha de saber acompañar paulatinamente al alumno a "descubrir" ha de iluminar su camino; su proceso. No podrá hacerlo si vuelca sobre él sus angustias y rechazos. Del mismo modo que un buen psicoanalista tendrá primero que haberse psicoanalizado para desarrollar una asesoría efectiva sobre un paciente, un profesor ha de liberarse de esos paradigmas que lo aprisionan para impulsar la creatividad y originalidad en el alumno.

Ramón Almela
Doctor en Bellas Artes
Enero del 2000