La encerrona pictórica de Bulmaro Escobar

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

Figuras y números. Óleo, pigmentos y polvo de ladrillo sobre tela. 2000
La pintura en estas décadas no deja de resultar una controversia. La reciente Bienal de Tamayo incluyendo sólo a artistas que se dedican exclusivamente a la pintura resulta uno de los pocos salones enteramente dedicados a una forma de arte específica. Esta edición ha mostrado palpablemente los problemas que afectan a la pintura como disciplina. Algunos miembros del jurado han dejado saber su inconformidad en la anterior edición y en la actual con los procesos de selección que imponen tal limitación al género. La difusión del uso lírico del gesto expresivo, la materia informal y los derivados de la transvanguardia de los 80, re-etiquetados como pintura posmodernista, abundan entre los dedicados ortodoxamente a esta forma de arte. La controversia con la pintura está patente. Si algo puede aportar la pintura hoy se cifra en torno a la figuración significativa y su aplicación en soportes con una intervención de yuxtaposición, desplazamiento o silenciamiento, el uso de materiales no explotados, y vinculando la pintura con otros modos de arte plástico. El arte contemporáneo se define articulando nuevos significados y dimensiones de la realidad o indagando en los contenidos últimos de las distintas artes.

Restringiéndose a ser pintor, Bulmaro Escobar, que expone en la galería Síntesis (18 Oriente. 401 Fracc. San Francisco. Puebla) se instala en una abstraída figuración constructiva y fragmentada, con un diálogo matérico-textural de trazos y superficies claramente provenientes de la escuela oaxaqueña, de donde Tamayo y Toledo aparecen como figuras prominentes entre Sergio Hernández, José Villalobos, Rodolfo Morales y otros más.

En la respuesta a la pregunta de Andrés Ortega sobre si el ejercicio de la pintura iba muriendo, aparecida en el Suplemento Arte y Cultura del periódico Síntesis (1 Octubre, 2000), Bulmaro Escobar se muestra proclive al derrotismo en la aventura plástica de la pintura. Su contestación refleja el problema que detecto en su obra: ?... la pintura se ha ido integrando a otros medios plásticos más complejos como la instalación, el performance, etc. De tal modo que como medio de expresión plástica la pintura no aporta ya nada considerándola agotada a partir del 68?
Hombre solo. Oleo sobre tela. 1997
Bulmaro se encierra en su universo en conversación consigo mismo sin intención de atender la vorágine de los acontecimientos plásticos elaborando un lenguaje efectivo y de calidad plástica, pero carente de congruencia con la dinámica situación contemporánea, de la que él mismo se declara alejado. Resignado se acomoda en los valores humanistas y plásticos de su quehacer para continuar un monólogo al que nos acercamos con la sensación de escuchar lo que ya sabíamos. No hay verdadera conversación.

En esta exposición presenta enteramente piezas de pintura, pero sus trabajos en el mundo de la gráfica lo hacen acreedor de mayor interés por la innovación y técnicas en el peculiar mundo del grabado.

Quisiera plantear una crítica revisando sus obras desde la dimensión de ?hablar? por medio de la pintura como producto y experiencia estética. Ángel Gabilondo afirma que ?Hablar no es recitar un texto preestablecido, sino correr el riesgo de poner algo y atenerse a sus consecuencias? En la pintura de Bulmaro, el deslizamiento de formas en geometrías ensambladas por el color contrastadas desde la textura y las exageraciones de perfiles no conducen sino a la continuidad sobre una actitud plástica muy desarrollada y por esto mismo conocida. Los mismos recursos pictóricos y esquemas significativos ya utilizados extensamente. Es un bello discurso, pero ya lo hemos oído.

Si nos dejamos decir algo, según afirma Hans-George Gadamer, la condición suprema estriba en que no lo sabemos mejor y en que cuestiona aquello que sabemos. El planteamiento pictórico de Bulmaro no interpela, por supuesto, a aquellas mentes inquietas y conocedoras del quehacer contemporáneo.
Sombra Roja. oleo y pigmentos sobre tela.1999
Pero en esto también reside su valentía y coraje. Declararse decidido en la incomprensión de los derroteros del arte e insistir en el trabajo. Componer imágenes estables y ricas en valores plásticos. En esta exposición puede apreciarse la evolución que su obra ha tomado desde los duros esquemas geométricos organizados en tríadas armónicas de los cuadros de 1991 a las últimas piezas donde desarrolla una flexibilidad en los planos del espacio pictórico. Una apreciable multiplicidad de elementos más espontáneos surge en su obra recientemente aportando movimiento y luminosidad. Destacan aquellas obras en las que se aleja de la armonía repetida de color de ocres tierras y el azul como ?El Espinazo de Juanita? o en ?Sombra roja? donde plantea un esquema compositivo distinto con una forma predominante de guitarra. Sabe dirigirse a la realidad cuestionándola con una interpelación sistemática y monótona, pero fructífera en la persecución de su propio sistema lingüístico.

La museología de la exposición no es favorable al disfrute de parte de las piezas, aparecen excesivamente apretadas. Las obras no pueden abordarse sin interaccionar con las que acompañan a los lados. Dado el tamaño reducido de la galería y las dimensiones de los lienzos que quería presentar las piezas se ahogan en la experiencia de su contemplación. Casi crea una lectura distinta. Es como un paisaje en el que te vas introduciendo mientras caminas, aunque supongo que no era la intención del autor al presentarlas pues podría entonces haberlas colocado más cercanas todavía para conseguir ese efecto más intensificado.