La cuerda floja del simbolismo. Ahí se mueve Bayro, flota, se estremece, está a punto de caer y se sostiene. ¿Por qué? Quizá porque es la suya una estética descentrada, que busca un nuevo punto de apoyo. Y lo hace, por ejemplo desde la obsesiva repetición de los rasgos físicos de sus rostros. Siempre está ahí para recordarnos que es un Bayro, pero también para decirnos que desde ese rostro el pintor nos mira mirarlo. Las estaciones, los elementos, las esencias atómicas, una especie de iconografía fragmentada acompaña también siempre a esos rostros. Lejos del simbolsmo ordinario, pero utilizando sus elementos, como en las bellas cartas de tarot Visconti-Sforza, los grabados de Bayro, por ejemplo, se proponen como nuevas síntesis plásticas, visiones y revisiones de este nuevo milenio.
Pero también hay una sutil melancolía en Bayro. Tiene razón María Zambrano cuando afirma que: "la melancolía es una manera, por tanto, de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal. Algo así como una posesión de su esencia, puesto que tenemos de ellas lo que nos falta, o sea lo que ellas son estrictamente." ¿Cómo no ver en esa ausencia de objeto, es ese objeto eternamente aplazado la melancolía de los cuadros de Bayro?. Si algo descubre el artista que se ha roto en la conciencia son los valores. Por eso los de Bayro siguen siendo insustituibles. El sujeto se siente en unidad inocente y armoniosa consigo mismo y con la vida, que se le presenta plena de sentido. La multiplicidad de las cosas parece unificada en un orden superior, iluminada por un significado que confiere a las cosas un valor insustituible y transforma las huellas de la cultura o de la barbarie intercambiables en el nuevo cuadro, único e irrepetible.
Y esa melancolía está impregnada de risa, de humor, como en Kundera. "El pero de vivir para Kundera -explica Calvino- está en toda forma de constricción: la tupida red de construcciones públicas y privadas termina por envolver toda existencia en una trama de nudos cada vez más apretados... el humor es lo cómico que ha perdido pesadez corpórea y pone en duda el yo y el mundo y toda la red de relaciones que lo constituyen...Transmite el sentido de la precariedad de los procesos que las han creado". Para los humoristas la levedad prevalece en las relaciones humanas y nos transmite la fugacidad de la existencia y lo contingente de cada acto, lo pasajero y azaroso que puede ser nuestro comportamiento, en el mundo, como las imágenes, que algo tienen de onírico de José Bayro.