Barbara Kruger y Robert Rauschenberg

en Nueva York.

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

Inician en estas fechas dos exposiciones en el ?Whitney Museum of American Art? de New York que valdría considerar. Barbara Kruger, estandarte de la crítica a las fuerzas de la cultura de los media a través de los fotomontajes, exhibe una retrospectiva de sus trabajos de las últimas décadas desde que inició sus obras en este orden de expresión que la identifica. Y Robert Rauschenberg, un hito en la historia contemporánea del arte por sus aportaciones junto a Jasper Johns y Andy Warhol al movimiento del arte Pop, presenta su último trabajo ?Synapsis Shuffle?.

Aunque aparentemente no haya cercanía en las expresiones artísticas de estos dos artistas que pertenecen a dos generaciones distintas, dos elementos como intención de base laten palpablemente cercanos. Sus cuestionamientos sobre el objeto del arte y el manejo de la colaboración en la producción del fenómeno del arte.

Barbara Kruger comenzó a realizar arte en 1969 explorando con medios textiles y en pintura hasta que, insatisfecha, detuvo su producción seis años después; en 1975. Durante dos años se dedicó a la lectura de teoría cultural y a reconsiderar cual era el significado de llamarse a sí misma artista.

Lo que puede contemplarse en su retrospectiva data desde esas fechas al presente. Nada más salir del ascensor nos encontramos caminando sobre palabras, sintiéndonos inmersos y absorbidos por la vorágine de los textos que rodean el espacio interior. Es un dinamismo de imágenes que reclaman la atención en los aforismos sobreimpuestos sobre las fotografías. Barbara Kruger usa la habilidad de captar la atención con textos e imágenes desarrollada durante la década que pasó trabajando como diseñadora de varias revistas.
Nos introducimos en un espacio cerrado donde varias voces recitan con un enfadado tono las frases que aparecen en una discusión de pareja. Los textos en las paredes son modificados a través de la proyección y las imágenes de video en tres pantallas van variando mostrándonos caras, labios amenazantes y enfadados expulsando ira y enojo en palabras cargadas de significado. En otra instalación somos bombardeados con aplausos y frases de retóricos discursos e inmersos en un ambiente de multitud que sirve de fondo a paneles de fotografías con textos alusivos al cambio de actitud que se produce en el individuo al ser arrastrado por el comportamiento de grupo.
Su trabajo tiene el sello distinguible por el tipo de letra –Futura Bold Italica- blancas sobre fondo rojo, que usa repetidamente en cajas tipográficas repartidas compositivamente sobre una imagen en blanco y negro con cierto sabor antiguo y peculiarmente fraccionada. Son provocaciones, diálogo, afirmaciones, cuestionamientos que demandan del espectador replantearse la esencia de las actitudes que ostentamos tantas veces con orgullo, y llama la atención sobre asuntos socioculturales como la violencia, sexo y raza, tratando temas de la mujer, el dinero y el poder. Utiliza las mismas herramientas que los medios de comunicación: propaganda y publicidad. Su obra no sólo es establecida como pieza de galería, es diseñada para vallas publicitarias, carteles en lugares públicos, y objetos como tazas y gorras. Su arte se difunde hacia todo tipo de público haciendo consciente a la persona común de la persuasiva influencia de los medios publicitarios con mensajes abiertos a varias lecturas.
Mientras Barbara Kruger halla su razón artística en la conciencia crítica de denuncia sociocultural, Robert Rauschenberg encontró la suya, en décadas pasadas, con la ruptura del expresionismo abstracto y la búsqueda de experimentación técnica disolviendo las nociones establecidas hasta entonces del arte como realización formal con intrínsecas leyes internas. Se lanzó a través del espíritu de colaboración con otras disciplinas y con aportaciones técnicas a explorar la razón del arte. Comenzó a realizar transferencias de fotografías al lienzo con esas conocidas imágenes extraídas de publicaciones como la famosa de J. F. Kennedy. A través de los años ha depurado en diversas series sobre estuco y otros materiales esta técnica. Además, su obra contempla importantes pasos como los dados en la innovación del ensamblaje. Una activa carrera de múltiples aportaciones.
En su esfuerzo por impulsar la colaboración en la acción artística, su reciente trabajo incorpora el azar en el juego de la composición: ?Synapsis Shuffle?. Reserva la parte final de la ejecución a la decisión de alguien más. Realizó 52 paneles rectangulares, evocando a las 52 cartas de una baraja, donde se imprimen en diversas agrupaciones imágenes tomadas en todo el mundo a lo largo de diversos viajes. Ahora resta que 12 invitados se repartan las piezas por sorteo y compongan cada uno su obra con un total entre 3 y 7 paneles cada uno. Una vez construidas las composiciones y exhibidas volverán a ser compuestas por nuevos invitados en un nuevo lugar. Así, la idea es que cada vez que los paneles son recompuestos la completa configuración física del trabajo cambia. En principio Rauschenberg pensaba hacerlo con tales personas como los primeros taxistas que pasaran. Después se decidió, como un antecedente teatral a la exposición, reunir reconocidos nombres entre críticos de arte, pintores, cantantes, galeristas, empresarios y coleccionistas y dejar que interaccionaran entre sí en negociaciones por conseguir los paneles que sentían necesitar y que a otro participante le había tocado. Todo ello queda expuesto en la proyección del video de aquella sesión de composición.
El resultado no es uniforme y encomiable, apareciendo las piezas confusas o abarrotadas, aunque también es el signo del estilo actual de Rauschenberg. Tan sólo varias piezas aparecen con suficiente energía y dignas de apreciación. Entre ellas, la de la doctora Mathilde Krimp que se decidió a dar la vuelta al panel de en medio de los tres que manejaba, dejando ver la estructura metálica en forma de escalera. O Renée Fleming, soprano, que decidió colocar horizontalmente los paneles.

Este es uno más de los elementos de intención que laten cercanos entre los dos artistas. Del mismo modo que Roschenberg enfatiza la participación desde fuera de su obra incorporando a la gente a completar el trabajo perpetuamente, Barbara Kruger se expande llevando el arte al hombre de la ciudad para hacerlo partícipe de su obra.