Entre ángeles y escarabajos

Ramón Almela. Doctor en Bellas Artes

La fotografía abre la relación imagen/espectador al campo de lo imaginario. El mundo significativo se amplía a las fantasías y visiones personales dotando a la reproducción fotográfica del poder de hacer visible lo invisible con marcada credulidad. De hecho los desarrollos de la imagen digital están permitiendo en la cinematografía y en fotografía la representación veraz de lo que nunca ocurrió o existió.

La presentación fotográfica de un mundo mítico y religioso idealizado es el tramo por el que transcurren las obras de Lourdes Almeida que pueden contemplarse en el Centro Integral de Fotografía (16 de Septiembre, 3708. Col. Huexotitla. Puebla). A través de escritos bíblicos e históricos la mayoría de las religiones y la teología afirman la existencia de los ángeles. Lo que es más, para la Iglesia Católica, los ángeles son una "verdad de fe". El arte se dio a la tarea de dar forma a lo invisible a través de las distintas disciplinas. El objetivo de los artistas anónimos, y más tarde individuos reconocidos, en siglos pasados, era la realización de los encargos de la Iglesia, que consistían precisamente en eso: Hacer patentes las verdades, dogmas de fe e historias narrativas de la religión. Pero abordar la representación iconográfica de las huestes celestiales puede resultar un espectáculo anacrónico en nuestra vivencia contemporánea.

Sin embargo la tarea que emprende Lourdes Almeida con esta obra rebasa la inmanencia propia de la representación. Supone realmente una excusa para adentrarse en una reflexión sobre el cuerpo humano desde elementos religiosos católicos vertidos en creencias prehispánicas.

Esta serie de fotografías gira en torno a las huestes, las tropas, que habitan en los cielos. La literatura y narración bíblicas son extensas en la descripción de los ángeles que son espíritus puros, es decir, "libres de toda materia", por lo tanto, de naturaleza inmortal. Ellos existen para glorificar a Dios y ser sus mensajeros... de hecho su función más importante es ésta: ser el nexo entre Dios y el hombre, y en segundo término proteger a los hombres y velar por su salvación.

La jerarquía de su organización establece tres coros, donde serafines, querubines y tronos componen el primer círculo cercano a la divinidad padre. En el segundo coro se sitúan potestades, virtudes y dominaciones que son los grandes guardianes del mundo identificándose con la vestimenta de soldado y con espada en mano. Y en el tercer coro, los principados, que visten como guerreros y son guías, los arcángeles que lucharon contra los demonios, y los ángeles que constituyen el grado inferior pues son los que están más cerca de los hombres y del mundo, son los que se nos manifiestan. Se representan también como simples soldados, vistiendo ligera túnica y pueden llevar velas o palmas de triunfo.
Toda la iconografía en la población celestial semeja un ejercito. El hombre imagina y corporeiza sus ideas bajo sus vivencias y sistemas de creencias. Del mismo modo que la divinidad en el hombre primitivo asumía forma femenina y era adscrita a la naturaleza, en culturas posteriores adquirió forma animal, para ir convirtiéndose la representación divina en una construcción antropomórfica; Dios a imagen y semejanza del hombre. Así la construcción católica de la ciudad divina con sus niveles de jerarquía y ocupaciones. Un reino que debía ser defendido por soldados. La ciencia teológica dando estructura a las proyecciones míticas que dan forma y cualidades a ese espacio trascendente que no podemos asir.

De este modo nos hemos convencido de la existencia de unos entes individuales con alas que nos rodean y sirven de conexión con la divinidad. El universo personal de ángeles en la obra de Lourdes Almeida resulta interesante no por la tipología icónica en sí que elige, sino por la libertad que se toma en interpretar estos mitos. En esta lectura de las tipologías de ángeles resalta la idiosincrasia mexicana por el colorido, la fisonomía y la mitología prehispánica vertida. Además, la curiosa proyección que parece operarse en la elección de mujeres para la representación de ángeles guardianes espada de fuego en mano, o la utilización de corazas sugestivas como las vestiduras de cuero ajustadas al cuerpo que dotan de sentido erótico-atractivo a la figura femenina.

Pero donde las imágenes fotográficas adquieren especial preponderancia es en las piezas de gran tamaño alejadas del cromatismo de las anteriores y viradas en sepia. En estas obras los ángeles aparecen como seres masculinos o femeninos dotados de sus alas sin muchos adornos y mostrando su inherente y palpable fisonomía en el desnudo a través de un claroscuro donde la luz se convierte en el verdadero protagonista.

No lejos de esta celestial visión en el Centro Integral de Fotografía, la galería de la Alianza Francesa presenta una visión diferente aunque similar en su idiosincrasia mexicana. En vez de esta visión de puras huestes celestiales, la mirada se enfoca a los diminutos insectos que buscan el estiércol para alimentarse: Los escarabajos. Rosa Parrilla incursiona en la creación pictotridimensional (creación escultórico-objetual de una obra fundada desde principios pictóricos-visuales) con cincuenta piezas volumétricas hechas de papel, engrudo, alambre y acrílico.

Las paredes de la galería de la Alianza Francesa (2 Sur, 4920. Puebla) se cubren de escarabajos. Formas ovaladas, patas, antenas. Una sinfonía de colores llena estas formas. Caparazones salpicados de toques y texturas armonizados en multiplicidad de coloraciones. Ciertamente en la representación se aleja de la figuración y clasificación zootécnica de estos animales para entrar en una fantasía llena de realidad. Rosa Parrilla trasciende en estos objetos pictotridimensionales el entorno de la artesanía propiamente dicha. Sus figuras evocan los alebrijes comerciales que en vibrantes colores y formas fantásticas pueblan y atraen a los turistas como un curioso zoológico en las tiendas de artesanía mejicana.

Estas piezas se sitúan en el límite entre la aproximación vulgar integrada por lo artesanal-decorativo y la experiencia estética autotélica que sostiene la auténtica obra de arte. Podrían ser tratadas como imágenes que delatan el fenómeno kitsch. La actitud kitsch en la obra es un énfasis del mal gusto como belleza a medio camino en la producción artística demandada por la cultura burguesa que suplanta lo auténtico del arte por la baratija.

Pero la obra de Rosa Parrilla no se queda en la elaboración mecánica y acomodaticia. Al centrarse en la figura genérica del escarabajo se vierta ella misma en estas piezas, responde a una atracción estética hacia la forma de este insecto coleóptero y obedece a las exigencias e inclinaciones que le indican su mundo interior. La multiplicidad de formas en antenas y caparazones, sus colores, sirven de reflexión y proyección de vivencias, a tal grado que muchos de estos cincuenta insectos creados están corporeizando la identidad de amigos allegados y personas de su entorno.